lunes, 27 de agosto de 2012

EN SEVILLA TUVO QUE SER

Sevilla está contínuamente cambiando. Como todas las grandes capitales su fisonomía y su paisaje van renovándose. Tras la Exposición Universal del 92 los sevillanos pudimos observar la transformación arquitectónica que supuso este evento para la ciudad. Qué duda cabe que este tema ha sido y siempre será motivo de debate, en los que unos defenderán estos cambios por la necesidad de modernización y otros lo criticarán  debido a la pérdida de lo clásico y de la identidad sevillana. No pretendo adentrarme en este sin duda interesante debate sino expresar mi opinión en lo que a partir de ahora pasará a ser el pricipal referente visual de Sevilla: la Torre Pelli.


No hace falta tener la carrera de arquitectura para que uno se dé cuenta de que este rascacielos no pega aquí ni con cola. Porque esto no es una torre por mucho que le llamen así los que nos la han metido doblada, quizás siguiendo la táctica de los que llamaron al estadio de La Cartuja Olímpico sin serlo. Lo dicho, esto no es una torre sino un rascacielos, como esos de Nueva York, Dubai u otros sitios en los que sí forman parte de su atractivo turístico. Pero aquí en Sevilla no sólo no va a atraer más gente sino que va a perjudicar al sector turístico con la proclamación de ciudad en peligro de dejar de ser patrimonio de la humanidad por parte de la Unesco. Es inaudito que en plena crisis, en una Andalucía que es la segunda comunidad más afectada por los desahucios y con unas tasas de paro tan crueles se construya este adefesio, símbolo de la opulencia capitalista.


A este rascacielos se le conoce también como Torre Cajasol. Vaya como se habrán forrado Pulido y los demás banqueros de la entidad que ahora ha sido absorvida por los catalanes de La Caixa. Mientras echaban a trabajadores o recortaban salarios estos cabrones iban cogiendo billetes a espuertas para sufragar esta magna construcción, aportando también bajo cuerda a los politicuchos lo necesario para que la operación saliera adelante sin encontrarse obstáculos. Con las manos bien llenas se habrá ido Monteseirín y ahora así estará SuperZoido, que en la oposición estaba muy cabreado y siendo ya alcalde se ha convertido en el más firme defensor de la dichosa torrecita, yendo incluso a San Petersburgo a pelearse con quien hiciera falta.



Y mientras tanto los sevillanos tragando con todo. Me ha decepcionado la poca oposición que ha tenido esta construcción en nuestra ciudad. Tan poca resistencia como la esgrimida en su día por los hosteleros ante la represiva ley del tabaco. Mientras unos vecinos se dejaban el alma para tirar una biblioteca, haciendo de ellos un lugar público como el Prado e impidiendo darle vida juvenil y universitaria a una zona verde, para el puñetero rascacielos sólo unos pocos dentro de la plataforma Túmbala han peleado muy meritoriamente contra tamaña barbaridad.



Me cuesta trabajo pensar que en otro lugar hubiesen permitido con tanta facilidad e impunidad el levantamiento de este rascacielos. Pero en Sevilla tuvo que ser. A pesar de la cantidad inmensa de locales y oficinas con carteles de se vende, a pesar de construirse en una de las zonas con más problemas de tráfico de la ciudad o a pesar de la bochornosa imagen que uno se encuentra al entrar en la capital de Andalucía venga de donde venga esta torre se va a construir. Pobrecita Giralda, no te desanimes que como dice el refrán, torres más altas cayeron...

2 comentarios:

  1. Estando de acuerdo contigo en casi todo, algunas matizaciones. La primera, que todo hace indicar que no nos van a quitar el título de patrimonio de la humanidad, entre otras cosas, porque, aunque a mí tampoco me gusta la torre, en nada perjudica ni a La catedral, ni al Alcázar ni al Archivo de Indias, distan entre ellas casi dos kilómetros. En el hipotético caso de que finalmente nos lo quitaran, ¿de verdad dejarían de venir turistas porque esos monumentos no sean patrimonio de la humanidad?. Por otro lado el Ayuntamiento podría haber aprovechado la ocasión y hacer como hizo Dresde, a la que le quitaron ese título, y potenciar mediante campañas publicitarias la ciudad. Enhorabuena por el artículo

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    1. Yo sí creo que perjudica al turismo porque muchas agencias de viajes internacionales se rigen precisamente en las calificaciones de la Unesco para atraer a los viajeros. Si finalmente se hubiera resuelto la salida de Sevilla como patrimonio de la humanidad sin duda habría afectado. En todo caso me mantengo en que esta construcción va a perjudicar a nuestra ciudad y que es totalmente absurdo utilizar esta torre como reclamo turístico en una ciudad que ya utiliza para esto a la Catedral, el Archivo de Indias o el Alcázar para ello. Muchas gracias Rubén por tu comentario.

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